jueves, 29 de diciembre de 2016

Pequeño fragmento de la realidad


                                                                   



                                                                                                                                     


                      Estoy elaborando una historia la cual, pretendo que sea como una semillita que crece..., da luz... y es distinta su planta a los grandes monocultivos... 


                                   Un pequeño fragmento y el "continuará"



                                                   DIMENSIONES Y ÓSMOSIS.


                                 Presentación: “ Yo, Mliashuay, una mujer de la dimensión digamos… “vitalista”, al igual que mi hombre, Mrenyies, dejamos unas crónicas de nuestras andanzas en este especial cuaderno al que ni el fuego puede destruir porque está hecho con una aleación de flexibles húmedas piedras preciosas, elástico papel de un hermoso árbol de crecimiento ultra-rápido y tinta eterna que en esta dimensión a la que se llama “Tierra” no son conocidos ni existen.
                                                  Se adjuntan también testimonios de amistosos terrícolas, algunos de ellos rescatados de las garras de una extraña bestia que significaba una muerte segura, siendo esta experiencia la que más nos impactó y… en cierto modo envenenó.
                                                Así mismo, dejamos constancia de que hay dos copias de este cuaderno, pues una de ellas, escrita en esperanto, que es una lengua terrícola inventada por uno de sus hombres ya fallecido, que aprendimos en dos días por su facilidad y que tiene un significado muy positivo para la familia esperanto- hablante que nos acogió, se queda en la Tierra, en poder de esa misma familia.

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                            EL VIAJE- ÓSMOSIS.



                       En nuestra dimensión, cuando alguien muere, además de perder brillo y color, desprende unas moléculas inconfundibles que… desaparecen al poco rato.
                       Nosotros, Mliashuay y Mrenyies, somos científicos y todas las observaciones, teorías, pruebas, seres vivos e inertes, etc. los clasificamos, estudiamos, ordenamos… Así que estábamos al tanto de los signos que técnicamente indicaban.- e indican, como así nos demostró el viaje que pudimos hacer.- que hay otros mundos, en otras dimensiones, frecuencias, vibraciones… como se quiera llamar, y uno de esos signos, son las misteriosas, llamativas, moléculas del color de la carne y el pelo de cualquier ser que acaba de morir sin brillo ni intensidad. Una carne y un pelo que se tornan demasiado pesados… como para aguantar demasiado tiempo sin desaparecer, sin “hundirse” en otra densidad menos liviana que la nuestra.
                     Por eso, ya habíamos acordado poner en marcha, cuando alguien o algún animal se muriera, nuestra pompa de viaje, hecha de flexibles piedras preciosas de un color blanco níveo y transparente a la vez, que junto al brillo de nuestras moléculas y la electricidad natural, se tornaría invisible y repelente ante los obstáculos de éste y el otro mundo. Al mismo tiempo, su propiedad eléctrica, canalizada a través de una herramienta con varitas de ondas en espiral para hacer que la pompa se mueva, y, lo más importante, sea atraída por esas moléculas de muerte para “hundirse” con ellas en su espiral inter-dimensional y después, acelerar cuando se desee, la canalización haciendo que la pompa sea menos densa y pueda volver a nuestro mundo.- como así nos demostró la esfera de prueba cronometrada.- da casi el 100% de seguridad.

                     Siete días antes del solsticio de verano, el 17 del primer calor de 6018, 17 de junio de 2016 según uno de los calendarios de la dimensión Tierra, moría Lámreni, uno de nuestros venerables ancianos de la comunidad científica y como hubimos acordado y sabiendo que la idea le hizo mucha ilusión en vida, aprovechamos sus moléculas de muerte para viajar a esa misteriosa dimensión.

                    Después de notar durante unos cinco minutos un lento movimiento en espiral en el que se sentía la carga de pesadez de nuestra pompa debido a las moléculas, de repente dejamos de verlas y nos encontramos flotando a unos metros de una bella cordillera boscosa. Estuvimos esperando ahí una hora, lo que tarda en salir de su dimensión el cuerpo de Lámreni, por si lo veíamos o notábamos algo distinto… pero todo siguió igual que cuando llegamos, con un tranquilo cielo azul no tan brillante como el nuestro pero también muy hermoso, pájaros a los que la pompa esquivaba de vez en cuando y la misma belleza boscosa de la cordillera, llamada, según nos enteramos más tarde, “Val de Boí”, que en realidad es una parte de una extensa cadena montañosa a la que llaman “Pirineos”. Esperamos un rato más, y decidimos pilotar la pompa, bajando a veces algunos metros para ver detalles más de cerca. Cuál no sería nuestra sorpresa cuando vimos ¡seres humanos! Pero no son como nosotros, son… ¡del mismo color apagado y sin brillo de nuestros difuntos! Aunque lo que más nos llamó la atención, fueron sus bocas, con dientes de un ligero tono amarillento, a veces torcidos o con algo de corrosión, algunos huecos entre ellos, o si no, añadidos de metal arriba y abajo… y observamos que cada una de esas personas portaba uno o dos palos metálicos de vivos colores que iban clavando en el terreno mientras caminaban, ignorando cuál podría ser su utilidad y preguntándonos si tanto los necesitarían. ¡Qué delicia poder contemplar, escuchar y observar a esos seres sin que ellos se dieran cuenta de nada gracias a nuestra invisibilidad! Pero también disfrutamos mucho con el paisaje, con tantas fuentes, tanta espuma de agua corriente entre hojas y flores, tantos sonidos de vida… Hasta que llegamos a un claro con un terreno arbolado delimitado por una tapia de piedra en el que también había una praderita, un pozo, un circuito acuático, muchas flores y una vivienda que tenía… una gran galería de cristal que dejaba ver en su interior árboles frutales con sus frutos bien maduritos, algunos distintos a los que habíamos visto y hortalizas. Al otro lado de la casa, en una pradera con frutales y un pequeño habitáculo muy bonito tallado en madera había gallinas correteando a las que una mujer echaba sobras de verduras. Mrenyies y yo nos pusimos a discutir sobre qué hacer en ese momento puesto que no descartábamos salir de la pompa e interactuar con el entorno y… con esos seres humanos tan distintos de nosotros. Pero teníamos miedo de que pasara algo raro al salir de la pompa. ¿Y si ésta desaparecía? ¿Y si nos pasaba algo extraño a nosotros o no podíamos adaptarnos a ese hábitat y enfermábamos? Por otra parte comprendimos que no podíamos irrumpir de repente en la vida de esa mujer, por lo que nuestra salida debería realizarse por la parte de la otra pradera con las flores, el pozo, el circuito de agua, la arboleda… y allá fuimos. Antes hicimos unas pruebas y primero salió Mrenyies y volvió a entrar, y lo mismo hice yo. No obstante no nos atrevimos a salir los dos a la vez… de momento, aunque coincidíamos en que corría una muy agradable y nutritiva fresca brisa que no era incompatible con nuestra naturaleza. Cuando volví a salir, me abandoné por completo al placer de aquella deliciosa brisa, el aroma de las flores y la curiosidad que me suscitaban éstas y todo lo demás. Noté que necesitaba tocar y beber el agua así que me tumbé de cara a uno de los espacios acuáticos del circuito y… sumergí mis manos, cogí, bebí… Me estaba llenando de mucha energía… Entonces, no sé cómo, apareció un niño de unos tres o cuatro años que me miraba fijamente y le sonreí. “- ¿Cómo te llamas chiquitín? – le pregunté aun sabiendo que hablamos lenguas distintas y no nos podríamos entender. Sin embargo, debió darse cuenta de lo que quería decirle porque enseguida me respondió con una sola palabra entrecortada. “Ro- land”. Se acercó más a mí, me senté y le acaricié con mi mojada mano su mejilla, notando… que una especie de energía eléctrica que manaba de mi ser se traspasaba a su cuerpecito, haciéndole, qué extraño, un gran favor… no sabiendo en ese momento por qué. Después de eso, dijo más palabras con su nombre, que, como luego me enteré, significaban simplemente “Me llamo Roland” y acto seguido vi aparecer, detrás de uno de los floridos arbustos a una mujer que debía de ser su madre exclamando algo, mirándonos con mucho asombro al niño y a mí… y llorando. Se puso a hablar y como no la entendía me expresé en mi lengua para que se enterara de que hablamos de manera diferente y pude hacerle comprender, por señas, cuál es mi nombre. Se sacó de su bolsillo un plano aparato rectangular. Se llama “móvil”, sirve para comunicarse a distancia y lo usan mucho los seres humanos terrícolas. Así que yo miraba fascinada cómo hablaba mientras sostenía ese artilugio pegado a su oreja y al poco rato llegó la mujer a la que habíamos visto echar comida a las gallinas, que se mostró visiblemente asombrada, decía muchas cosas, al mismo tiempo que yo me comunicaba con ella como podía y le dije a Mrenyies que ya iba siendo hora de que él también se presentara y saludara, de modo que cuando apareció, enmudecieron, y no es para menos, teniendo en cuenta que en la Tierra, la tecnología de nuestra pompa, la invisibilidad, los viajes inter-dimensionales… son solo fantasía.

                        Testimonio del niño terrícola, Roland.

                                           “ Estaba bebiendo esa chica. ¡Era un dibujo animado! Me acarició. Me puse muy contento, y por eso mi mamá también se puso contenta. Y luego salió, con magia, un chico “dibujo animado”.

                     Testimonio de Dora, la madre de Roland.

                                          Yo iba detrás de mi hijo, observándole, porque vi que realmente había mejorado con la dieta y el dióxido de cloro por vía oral y justo aquel día empezaría con los enemas. Sin duda le encontraba más alegre y tranquilo y cuál no fue mi sorpresa cuando le oigo decir “me llamo Roland”. Al pasar al otro lado de los rosales y majuetos, vi que junto a él y uno de los estanques, había sentada una extraña y bellísima mujer, que por su tono y brillo de piel, cabello y ojos, por su sonrisa, que mostraba unos dientes perfectos y anormalmente blancos, de un blanco níveo… se parecía a un dibujo animado. Pensé que todo eso, sus dientes, su piel de color fucsia, su pelo uniformemente amarillo con esos destellos, sus brillantes ojos azules… era todo artificial, conseguido a base de lentillas, sofisticados tintes, prótesis, operaciones de pigmentación… Así que yo “flotaba” ante aquella presencia tan decorativa y el increíble detalle de que mi hijo pronunciara por primera vez una frase de tres palabras con esa claridad, esa entonación, esa alegría… y lloraba… “-Roland, cariño, ¡Ya has empezado a hablar!” y vi que estaba embelesado con la extraña mujer. Le pregunté si era amiga de mi hermana, porque ella no me había dicho que hubiera invitados en la finca, que mi hijo es autista y era la primera vez que le oía tres palabras juntas… No me respondió al principio y después se expresó en un extraño idioma que no era esperanto ni inglés… ¿quizá eusquera? Pero me resultaba extraño que aun siendo vasca no supiera el castellano… y no entendía que mi hermana hubiera hecho amistad con alguien que no es esperanto- hablante y que ni siquiera sabe inglés, catalán o castellano… Al final comprendí (o creí comprender porque ya estaba dudando de mi cordura) que me decía cuál es su nombre, saqué el móvil de mi bolsillo y llamé a mi hermana, quien, al preguntarle y contarle a medias la historia se quedó muy sorprendida y me dijo “Ahora mismo voy para allá. Tú ten cuidado” , así que deseé, con cuidado o sin él, que la extraña mujer siguiera ahí presente para cuando llegara y de esa manera confirmar que todo  es cierto…

                      Testimonio de Montse, la hermana de Dora.


                     Dejé inmediatamente de echar la comida a las gallinas después de esa insólita historia que me había relatado mi hermana al teléfono para dirigirme a donde se encontraba no sin cierto temor. Cuando llegué, vi que se había quedado corta en la descripción de la chica. ¡Se asemejaba mucho a un dibujo animado en 3D! Le pregunté varias cosas en esperanto y no me respondía en ninguna de las lenguas que yo conozco aunque intentaba hacerse entender como buenamente podía y me estaba cayendo simpática. Cuando de repente, a unos pocos metros de nosotros, apareció de la nada un hombre igual de colorido, brillante y atractivo que ella y nos quedamos con la boca abierta; no sabíamos ni qué decir.
                     Ellos se comportaban muy dulce y gentilmente con nosotras y el niño, quien había ido a donde estaba ese hombre a tocarle, como es natural… al menos en niños normales, para ver si era “de verdad” y lo poco que pudieron transmitirnos, como es lógico, fueron sus nombres, él se llamaba Mrenyies y ellas Mliashuay, y la sed que él tenía, que por eso se acuclilló, con toda su hermosura y luminosidad, a beber agua del estanque del circuito de piscinas naturales de mi finca.
                    Me fui recuperando de la impresión al pensar que tal vez mis dudas acerca de los relatos que circulan por Internet sobre extraterrestres, intraterrestres, seres inter-dimensionales, reptilianos, hadas, elfos, etc. se fueran esclareciendo. Puesto que el destino o la  suerte habían puesto en mi camino a esas dos personas tan especiales decidí que intentaría convencerles para que se alojaran un tiempo en mi hogar, y enseñarles, para poder comunicarnos después, una de las lenguas más fáciles de aprender: el esperanto. Así que se lo dije a mi hermana y nos presentamos con un par de besos que… nos transmitieron, sin saber por qué, mucha paz. El contacto físico con esos seres, por decirlo de algún modo nos encendió una bombilla interior que estaba sin estrenar… o poco usada. Y sorprendentemente, para nuestro mayor gozo, ellos accedieron a ir con nosotros y cuando les hicimos comprender que mi casa también era la suya y les enseñamos su dormitorio, se mostraron encantados, así que mi deseo, al menos de momento, no se iba a truncar, y efectivamente, no se truncó.

                           Testimonio de Pau, marido de Montse.


                                   Mi cuñado y yo habíamos vuelto de Balaguer, de haber pasado un buen rato charlando con Josep Pamies, el empresario horticultor activista a favor de la soberanía alimentaria, medicinal, energética… también llamado “el payés de la estevia” que expone la dictadura de los intereses creados en relación a la industria farmacéutica en contra de los remedios que curan y son más baratos como plantas, dióxido de cloro, dietas… e impone, muy persuasivamente, la sobre-medicación a través de las vacunas masivas, indiscriminadas y excesivas, víctima de las cuales, a sus 18 meses, fue mi sobrino Roland, con una triple que le produjo autismo. Mi cuñado y su esposa, la hermana de mi mujer, estaban que no entendían nada, y nunca se perdonarán no habernos hecho más caso a Montse y a mí, que a la propaganda oficial. Ahora están siguiendo unas terapias alternativas con dietas especiales, pro- bióticos, enemas con dióxido de cloro… etc y sí parece que se le ve mejorar al niño, por quien nos preguntó Josep, siempre tan atento y sensible y le contamos los progresos, mostrándose, como es habitual, visiblemente interesado. De ese tema, no sé cómo, quizá porque expresamos nuestro deseo de que Roland tuviese un ángel de la guarda, lo cual, desear eso, es muy natural, pasamos, qué casualidad, a otros temas menos serios, o nada serios para mí, ya que hasta, e incluyendo, ese momento, mi cuñado y yo siempre habíamos pensado que la existencia de seres distintos a nosotros, espíritus, extraterrestres, gente con algún poder especial… solo eran patrañas con las que no había ni que perder el tiempo, pero Josep tiene una mentalidad más abierta a todo esto. Y es gracioso que ese día, después de esa conversación, al volver a mi casa al anochecer, conociéramos Joan y yo a Mrenyies y Mliashuay, a quienes Montse, con su salero, había llevado a Esperantujo, aunque ellos no entendían “ni papa” del idioma en aquél momento por mucho que hubiesen empezado a aprenderlo debido al empeño de ella. La mesa estaba puesta con uno de los mejores manteles blancos, la vajilla de lujo, bonitas velas, una sugerente ensalada con lechuga, gambas, patatas, hortalizas, frutos y hojas de las plantas medicinales que crecen en nuestra galería- invernadero de nuestra auto- suficiente vivienda y un asado de pollo de corral, que olía que alimentaba.
       Sin embargo… esos dos chicos con su indescriptible belleza, luminosidad, sonrisa nívea, dulzura… a quienes Montse nos iba presentando en esperanto a Joan y a mí, y de quienes recibimos una sensación extrañamente agradable a través del breve contacto físico del saludo, también decoraban y… en cierto modo nutrían…

                           Testimonio de Joan, padre de Roland.

                                           Cuando Dora me explicó en esperanto que Roland le había dicho a Mliashuay cómo se llama, con ese nivel de conciencia, esa alegría, y viéndole en ese momento fijar por primera vez en mucho tiempo la mirada en alguien, pues no les quitaba ojo a los extraños chicos, fue como si apareciera ante mí de repente el paraíso. Tanto es así, que casi no tenía hambre. Mi hijo estaba embobado con esa pareja y yo me había quedado hipnotizado con él. Todo en ese instante fue… mágico… y poético. Me daba la sensación de que los problemas se iban a arreglar y no deberíamos tener más miedo, de que parte de la conversación que tuvimos con Josep Pamies encajaba con lo que estábamos viviendo en esos primeros instantes de relación con esos seres que parecían ser sus ángeles de la guarda.
    Roland cenó su ración de esa dieta libre de gluten, proteína láctea, azúcar y soja, que consistió esa vez en un plato de espinacas de la galería con trozos de agujas pacientemente desmenuzados por mi mujer, debido a la cantidad de espinas que posee ese pescado azul y aceite de oliva con un poquito de jugo de un limón también de la galería- invernadero y acompañado por un trozo de pan de nuez pecana del nogal de la misma galería, elaborado por mi cuñada. Y después fuimos a llevarle al aseo, para ponerle por primera vez el enema con dióxido de cloro, pero como no quería apartarse de esa pareja, e intuyendo Dora y yo que ellos son sensibles al tema médico y le beneficiarían, les hicimos entender como pudimos la situación y accedieron muy gustosos a acompañarnos. A esa primera experiencia de desparasitación la califico de agridulce ya que por una parte, daba espanto y tristeza ver las tenias de hasta medio metro que habían salido del cuerpo de mi hijo cuando comprobamos después que éstas se hinchaban con el agua caliente en vez de deshacerse si hubieran sido solo mucosidades, pero por otra, eso indicaba que estábamos en el buen camino y que así debíamos seguir para liberarle de las causas de su mal.

                                     Testimonio de Mrenyies. (continuará)


                   

                                            



                                                   

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